sábado, 12 de mayo de 2012

Hitchcock, Maestro del Suspense


Alfred Hitchcock fue un directo de cine británico que desarrolló su carrera entre Inglaterra y Estados Unidos. Maestro del suspense, Hitchcock es uno de los autores clásicos del cine más importante, a pesar de que nunca ganaría un Óscar por ninguna película, salvo el premio en memoria de Irving Thalberg otorgado por la academia como reconocimiento a su carrera. En 1944 creó su propia productora con Sidney Berstein, la Transatlantic Pictures que seis años más tarde se declaró en bancarrota y pasó a formar parte de la Warner Brothers.

Comenzó su brillante carrera en Inglaterra, dónde dirigió películas como El hombre que sabía demasiado (The man who knew too much, de la que haría un posterior remake con más presupuesto en EEUU) y 39 escalones (The 39 steps), que no tardaron mucho tiempo en darle fama mundial, constituyendo su pasaporte a Estados Unidos. En 1937 llega a Nueva York y dos años más tarde, habiendo firmado con el productor David O. Selznick, comienza el rodaje de su primera película americana: Rebeca, (Adaptación de la obra literaria de  Daphne du Maurier). Este fue el comienzo de una larga lista de títulos entre los que destacan: Crimen perfecto (Dial M for murder), La ventana indiscreta (Rear window), Atrapa a un ladrón (To catch a thief) y un autoremake de El hombre que sabia demasiado.

Hitchcock aportó a la historia del cine su peculiar estilo, ganándose el título de “Maestro del suspense”. Cabe señalar la diferencia entre suspense y sorpresa: en las películas de Hitchcock el espectador conoce más de la historia que los propios personajes de la trama, creando la tensión característica de su estilo cinematográfico. Trabaja su propio género: da forma al suspense, donde desarrolla otros conceptos que se convertirían en temas recurrentes de su filmografía.

Acuñó términos como el “MacGuffin” consistente en introducir en la trama del largometraje un elemento sin apenas relevancia e intercambiable, es decir, no importa qué elemento sea (puede ser un muerto o una fórmula secreta) pero es sobre el cual se articula el suspense y sirve para introducir y avanzar argumentalmente. En palabras de Hitchcock (1939) el MacGuffin «en historias de rufianes siempre es un collar y en historias de espías siempre son los documentos».





La falsa culpabilidad, consistente en confundir a un personaje inocente con el verdadero culpable; o el crimen perfecto, importando la narración de cómo se ha llevado a cabo dicho crimen sin importar quién es el artífice del mismo (normalmente se da a conocer su identidad al principio de la película). Hitchcock era conocedor de la técnica cinematográfica, avanzando en el lenguaje del cine. Hacía un uso adecuado e intencionado de la técnica, mezclando el interés comercial con un juego hacia el espectador (consideraba al público inteligente, introduciendo unas pistas previas entrelazadas con la narración teatral de situaciones que no siempre eran ciertas).

El humor siempre está presente en su obra, pero no establecido como comedia (rodó una comedia fallida al margen del suspense: Matrimonio original). El miedo es otro de los elementos característicos de su estilo, pero no el miedo sobrenatural sino el miedo fruto de la cotidianeidad procedente de situaciones comunes. Los criminales suelen ser personas cercanas a las víctimas, son elementos reales y de la normalidad, alejados de lo sobrenatural o divino.

Por último, cabe referenciar englobado dentro de su estilo, la característica fijación de Hitchcock con las actrices rubias. Era conocido su obsesión por torturar durante los rodajes a los actores, haciendo pasar a sus personajes por situaciones realmente difíciles, haciéndolos trabajar bajo verdadera presión (sobre todo a los personajes femeninos). Como curiosidad señalar el hecho de que las tres películas escogidas para realizar el análisis el personaje principal masculino es interpretado por James Stewart, demostrando el interés preferente de Hitchcock por trabajar con determinados actores.  

El reconocimiento de Hitchcock como autor proviene de la Nouvelle Vague de la mano del director F. Truffaut. Hitchcock creó un estilo único y característico: desde sus cameos camuflado entre los extras hasta el MacGuffin, se convirtieron en sellos propios y lo consolidaron como uno de los mejores directores de todos los tiempos. 

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